El cuidado de perros y gatos también involucra a las familias, los barrios y las escuelas. El Programa de Tenencia Responsable de Animales de Compañía ofrece una oportunidad para enseñar respeto, prevenir problemas de convivencia y comprometer a las nuevas generaciones con el bienestar animal.
Tener una mascota es asumir un compromiso que dura toda su vida. Alimentarla y darle cariño forman parte de ese compromiso, junto con proporcionarle atención veterinaria, condiciones adecuadas de alojamiento, identificación y cuidados que resguarden su bienestar. La Ley N.º 21.020 también vincula la tenencia responsable con la salud pública, la seguridad de las personas y la protección del medio ambiente. Su importancia, por tanto, alcanza a toda la comunidad, incluidas las personas que no tienen animales.
Una responsabilidad que se comparte en el barrio
Recoger las deposiciones, evitar que los animales deambulen sin supervisión y respetar los espacios compartidos son formas concretas de cuidar la convivencia. Cada decisión individual tiene consecuencias fuera del hogar.
El Programa de Tenencia Responsable de Animales de Compañía (PTRAC), dependiente de la Subdere, contempla servicios veterinarios, registros e iniciativas educativas y de participación ciudadana. Estas herramientas permiten abordar el cuidado animal desde distintos ámbitos, más allá de una atención puntual.
Su valor como política pública está en la posibilidad de conectar esos esfuerzos: que la orientación recibida en una actividad comunitaria se traduzca en mejores decisiones familiares y que los municipios cuenten con apoyo para desarrollar acciones en sus territorios.
Las nuevas generaciones necesitan aprender qué significa cuidar
La infancia ofrece oportunidades para conversar sobre las necesidades de otros seres vivos. En este ámbito, educar significa enseñar que los animales sienten, requieren cuidados y tienen comportamientos propios que debemos respetar.
Una propuesta educativa puede trabajar situaciones cotidianas: comprender por qué una mascota necesita descansar, evitar tratarla como un juguete, reconocer que adoptar exige planificación familiar y aprender que el abandono nunca es una solución aceptable.
La participación de niños y niñas debe estar acompañada por adultos. Pueden colaborar en tareas apropiadas para su edad, pero las decisiones sobre salud, alimentación, seguridad y permanencia del animal en el hogar deben ser asumidas por las personas adultas responsables.
En Chile ya existen experiencias educativas
La educación forma parte explícita del programa. Su descripción oficial contempla actividades destinadas a distintos grupos de la ciudadanía, incluidos públicos preescolares y escolares, mediante charlas, talleres, cursos y otras acciones formativas.
En Valdivia, por ejemplo, la Subdere informó sobre un proyecto financiado por el PTRAC en dos jardines infantiles. La iniciativa incorporó un rincón de juego veterinario, materiales educativos y trabajo con educadoras de párvulos para abordar el bienestar animal mediante la exploración y el juego simbólico.
También existen iniciativas dirigidas a docentes. La Subdere y el Ministerio de Educación han impulsado formación para entregar herramientas pedagógicas sobre tenencia responsable, cuidados veterinarios y bienestar animal, incorporando la relación entre salud humana, salud animal y medio ambiente. Estos antecedentes muestran que el componente educativo tiene expresiones concretas. Su existencia, por sí sola, no demuestra cambios duraderos de conducta.
La educación necesita continuidad y ejemplo
Una charla puede despertar interés, pero el aprendizaje requiere oportunidades para practicar y conversar. Desde una perspectiva educativa, resulta razonable complementar los talleres con actividades en el hogar, participación de las familias y seguimiento en las comunidades escolares.
Los adultos también enseñan con sus acciones. Es difícil promover el respeto por los animales si, al mismo tiempo, se normaliza dejarlos sueltos, descuidar sus necesidades o abandonarlos cuando aparecen dificultades.
El reglamento de la Ley de Tenencia Responsable establece que las campañas educativas deben tener continuidad, llegar a toda la población y ser monitoreadas, evaluadas y mejoradas periódicamente. La permanencia y la evaluación forman parte del propio marco que orienta estas acciones.
Cuidar el programa también significa exigir resultados
Reconocer la importancia de esta política pública implica pedir objetivos claros y evidencia sobre sus resultados. Conviene conocer cuántas actividades se realizan y, además, si las personas comprenden mejor sus responsabilidades y mantienen prácticas de cuidado a lo largo del tiempo.
La propuesta es avanzar hacia comunidades donde el bienestar animal forme parte de la vida cotidiana: hogares que planifican antes de adoptar, adultos que asumen sus obligaciones y nuevas generaciones que aprenden a convivir con respeto.
Para lograrlo, la educación, los servicios veterinarios y la responsabilidad ciudadana necesitan trabajar juntos.
